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Convergencias y Divergencias. Aguanten, aguanten… a Claudia Sheinbaum. Por: Ariscófanes Destacado

03 Oct 2019
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Cuando en lugar de políticas públicas se anteponen las ocurrencias como acciones de gobierno, los resultados siempre serán muy similares a los que ayer obtuvo Claudia Sheinbaum, Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, al tratar de contener, con un cinturón de elementos civiles, a las hordas que una vez más hicieron de las suyas en el centro histórico de la capital de la república, hordas que una vez más dejaron de manifiesta la incapacidad del gobierno citadino para imponer su autoridad y también una vez más la autoridad le falló a los comerciantes establecidos, al mobiliario urbano, a los peatones, a los monumentos históricos y en general a toda la ciudad que con tristeza atestiguó cómo el vandalismo, llámense grupos anarquistas, han impuesto su ley o lo que es lo mismo ya le agarraron el modo a quienes supuestamente son los garantes del orden y seguridad públicos.

El aguanten, aguanten, aguanten… se escuchó una y otra vez entre los mandos de la policía capitalina, en tanto los elementos uniformados eran objeto de humillaciones, golpes, escupitajos y todo tipo de agresiones de parte de esos pelafustanes que, en el contexto de la manifestación que diversos grupos de jóvenes realizaron para recordar el 51 Aniversario de los hechos ocurridos el 2 de octubre de 1968, se infiltraron para una vez más hacer valer su ley, esa que define que para ellos no hay ley.

El Aguanten, aguanten… parece ser ya parte de un protocolo entre los elementos encargados de la seguridad publica en la CDMX ante situaciones violentas y de agresiones. Lo mismo escuchamos esa orden en la manifestación del 26 de septiembre donde diversas organizaciones sociales recordaron al gobierno el pendiente que se tiene con familias de Ayotzinapa y luego el protocolo se repitió el domingo pasado, 29 de septiembre, en una manifestación de mujeres en pro del aborto.

Tres manifestaciones llenas de violencia en menos de diez días, tres ejemplos de cómo la autoridad ha demostrado incompetencia por no contar con estrategias y protocolos que hagan valer el imperio de la ley.

Hasta ahora los petardos, las bombas molotov, las pintas a monumentos históricos, el robo a comercios establecidos, el graffiti en todo tipo de mobiliario urbano, las agresiones a transeúntes y a comunicadores, vejaciones a los elementos uniformados, y todo tipo de fechorías, son las acciones que han hablado en tanto que de parte de la autoridad solo se escucha el aguanten aguanten…  como un reflejo de miedo, de desesperación y sometimiento.

Lo más grave de toda esta situación que habla de impunidad, es que en la marcha de ayer el grito de aguanten, aguanten, ya no fue solo entre elementos uniformados, no, ahora esa orden también salió desde la fila de civiles que fueron enviados para tratar de contener a quienes, una y otra vez, han dado muestras de intolerancia, de violencia e irracionalidad. El cinturón de la paz, según informes oficiales, estuvo integrado por más de 12 mil trabajadores del gobierno capitalino y, según imágenes que circularon profusamente en las redes sociales, más de uno tuvo situaciones más allá del simple susto.

Aquí el tema es si esos trabajadores y empleados participaron por voluntad propia o fueron obligados a asistir, si lo hicieron dentro de sus horarios laborales o fuera de ellos o si en caso de resultar con heridas graves el gobierno capitalino tendrá alguna responsabilidad por ser obligados a realizar otro tipo de funciones ajenas a las de sus áreas de trabajo. Hay muchas preguntas al respecto y mientras todo eso pasa, en los pasillos de palacio nacional se empieza a escuchar una orden que parece estar dirigida ya no a los policías, ni a los trabajadores de oficina, sino a la población capitalina en general: Aguanten, aguanten, aguanten… a Claudia Sheinbaum.

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