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Desde San Lázaro. Le pegan a Benito Juárez. Por: Alejo Sánchez Cano Destacado

19 Dic 2019
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La propuesta de bajar del altar de la patria a Benito Juárez y subir a los eclesiásticos, la tratan de  hacer parecer como una ocurrencia aislada de la senadora María Soledad Luévano (Morena), sin embargo, responde a una acción debidamente orquestada entre la Confraternidad Nacional de Iglesias Cristianas Evangélicas (Cofraternice) y el mismo poder Ejecutivo y aunque el presidente López Obrador dijo que no hay que entrar a discusiones que ya quedaron zanjadas, lo cierto es que desde que tomó posesión ha alentado a la participación de las iglesias cristianas en la vida pública.

Desde hace meses ese grupo religioso ha pugnado por tener accesos a los medios de comunicación y en particular a la televisión para, dicen ellos, difundir el culto religioso, amén de quitarse el estigma de ser llamados ciudadanos de tercera.

Las grandes contradicciones del partido en el poder están en su apogeo, ya que por un lado se identifican como de izquierda, pero que en los hechos ratifican que son más “mochos” que los mismos panistas.

Con cierta periodicidad, AMLO se ha reunido con el presidente nacional de Cofraternice  y ha avalado abiertamente la petición de que tengan concesiones de medios de comunicación, al tiempo abrir un boquete en la laicidad al permitir que los hombres de fe participen en política.

De hecho, en la práctica ya participa ese grupo en acciones de proselitismo tanto para su causa como para el proyecto político de AMLO, al repartir en sus 7 mil templos la cartilla moral, así como avalar todas las decisiones que ha tomado el tabasqueño, como la misma liberación de Ovidio Guzmán al considerar que actuó conforme a lecciones bíblicas.

La máxima de al Cesar lo que es del Cesar a Dios lo que es de Dios, está por cambiar bajo la óptica del grupo en el poder alineado con López Obrador, porque también hay que decirlo, entre los morenistas existe la corriente mayoritaria de mantener la laicidad en el país, tal como lo mandata la Constitución.

El contenido de la iniciativa de Luévano propone borrar el principio histórico de la separación del Estado y las Iglesias, aunque conserva el carácter laico del Estado mexicano.

Sería un despropósito de dimensiones mayúsculas dar un salto al vació al atentar contra la laicidad en el país, que por fortuna el Benemérito de las Américas instauró hace 160 años.

Las Leyes de Reforma, un conjunto de decretos emitidos entre 1859 y 1863, tuvieron como objetivo consumar el proceso de separación entre la iglesia y el Estado, ello ante los excesos y privilegios de la iglesia católica que tenía más poder económico que el propio Estado, además de mantener sobajado a los indígenas y clases populares.

La historia marca la ruta que hay que seguir en el futuro y si López Obrador y sus huestes pretender hacer mella en la laicidad, estaría metiendo al país en una vorágine de violencia de la cual creíamos superada en el siglo XIX.

Dar paso a la iniciativa en cuestión en definitiva terminaría con la laicidad y estaríamos en la antesala del regreso al poder político de las iglesias, por encima de los temas seculares.

En tiempos de Vicente Fox se trató de esquilmarle a Benito Juárez sus grandes méritos, al tiempo de quitar  su nombre de avenidas y sus estatuas esconderlas tras los bastidores o de plano destruirlas, incluso se trató de cambiar la historia, mediante historiadores de poca monta, al pretender etiquetarlo como dictador y sátrapa.

Ahora, otra vez se atenta contra su legado al pegarle a una de las banderas que más impulsó, la laicidad. 

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