Síguenos en:

Se tenía que decir… El culebrón del BOA. Por: Santiago Cárdenas. Destacado

10 Jun 2020
306 veces

De que le gusta la historia, le gusta. De que en varias ocasiones la ha desvirtuado para ajustarla a su propio interés, también. De que se siente un conocedor de la historia y quiere trascender en ella, no cabe duda.

 

Lo que él considera su papel en la historia lo obnubila, lo ciega. Está convencido de que su trascendencia lo llevará, como fue el caso de Hugo Chávez en Venezuela, a estar presente en los altares de muchos hogares con una veladora prendida. No por ser un santo, pero sí porque la clase pobre se sentirá eternamente agradecida con él.

 

Pero alguien de su tamaño necesariamente enfrenta obstáculos y adversarios. Sus enemigos, aquellos que se oponen a la cuarta transformación de la vida pública de México, se la pasan conspirando, ideando cómo derrocarlo, cómo descarrilar su proyecto de nación que ha levantado al país y hoy lo tiene en niveles de bienestar similares a Suecia.

 

La historia que él desea sea contada pasa por haber derrotado a un poderoso enemigo -imaginario- que conspiró contra él. El desenlace tiene dos variantes: la primera, él derrota a sus enemigos y logra la transformación política, social y económica de México. La segunda vertiente lo hace mártir.

 

Un presidente de su tamaño no puede navegar por aguas tranquilas. Está hecho para los grandes desafíos, como aquel que implica levantar a un muerto llamado Pemex y llevarlo a los tiempos de la abundancia petrolera, de los petrobonos; aquellos tiempos en que la empresa petrolera tenía prestigio mundial y las reservas del hidrocarburo parecían inagotables.

 

O el desafío de devolverle al pueblo lo robado, de acabar con la corrupción, con el huachicol, con el nepotismo; el reto de hacer crecer al país al 6%, de crear dos millones de empleos en tan sólo nueve meses, y por qué no, de enfrentar al coronavirus sin cubrebocas porque algo que le ayuda a no contraerlo es que no roba, no miente y no traiciona.

 

Por todo ello, cómo no, era necesario desenmascarar a todos aquellos que conforman el Bloque Opositor Amplio, y que buscan -Dios de mi vida-, arrebatarle a él y a su partido en 2021 la mayoría en la Cámara de Diputados, y ganarles la mayor cantidad de gubernaturas posible. El vocero presidencial, Jesús Ramírez Cuevas, fue el encargado de presentar en la conferencia mañanera para la ciudad y el mundo un documento que no tiene una sola firma y que, hasta ahora, nadie se ha adjudicado. Pero eso sí, el documento indica quiénes son los integrantes del ya famoso -en redes sociales por los memes generados por supuesto- BOA. Al final del texto, se mencionan los nombres de las personas y de las organizaciones que supuestamente integran el BOA. Puros conspiradores, conservadores, neoliberales, corruptos, fifís, machuchones, que se niegan a aceptar lo que la realidad exhibe: un gobierno de ocurrencias, de mentiras, de errores, de ineptitud.

 

El documento presentado tiene un sello de confidencial, para hacer más dramático el asunto. Se titula “Rescatemos a México”. Y, en serio, fue presentado para dejar al descubierto un plan conspiracionista para derrocar al gobierno.

 

Para el mediodía, el tema era ya una chunga. Por supuesto, nadie tomó en serio el libelo. Si la intención era nuevamente hacerse mártir y fortalecer su paranoia de que los conservadores conspiran para derrocarlo, la verdad es que no resultó. Fue de risa loca el pitorreo que todo el día desató el tema en redes sociales, principalmente en Twitter.

 

El presidente de la Junta de Coordinación Política del Senado de la República, Ricardo Monreal, intentó elevarle el nivel al ridículo montado en la mañanera, y llamó a evitar la polarización, la confrontación y la profundización del odio clasista, así como “no acudir a la guerra sucia difamatoria, a las fake news, que constituyen una degeneración de un proceso democrático que no vale la pena pervertir y que están alejados de un ideal democrático”, cualquier cosa que eso signifique.

 

Lo cierto es que la presentación de un documento así, en un escenario así, refleja desesperación gubernamental y un intento por desviar la atención de los problemas fundamentales que hoy deberían discutirse en el país: el creciente número de contagios y muertes por el coronavirus, la terrible caída de la economía y la falta de ideas para ponerla en pie de nuevo, la pérdida de más de un millón de empleos formales, y un largo etcétera que ponen en jaque la trascendencia histórica de este gobierno, que es lo que verdaderamente le importa a Andrés Manuel López Obrador.

Valora este artículo
(0 votos)