Nos encontramos a poco más de 4 meses del ansiado 3 de noviembre en el calendario estadounidense. Si todo parecía indicar que la reelección era segura para Donald Trump, desde la llegada del coronavirus a los EE.UU. se puso en duda la capacidad de manejo de la crisis del republicano, y aún así, contaba con un gran apoyo de sus seguidores. Fueron estos mismos quienes desestimaron las medidas de higiene y de confinamiento que se habían aplicado, apelando a su “derecho de no usar cubrebocas”, respaldado claro por declaraciones y omisiones del mismo presidente. En medio de la crisis sanitaria, emergió el movimiento de #BlackLivesMatter. Las consecuencias que este movimiento ha traído podrán decantar, finalmente, en que Trump no sea reelegido para un nuevo mandato. No obstante, Donald Trump cuenta con un recurso infalible, siempre pronto para actuar en cuanto sea requerido.
AMLO es el dichoso recurso. La visita confirmada para los primeros días de julio en Washington, será utilizada por Trump para su beneficio electoral. Desde que inició el gobierno de AMLO, éste ha cedido a cuanto requerimiento se le ha exigido por parte de Estados Unidos. Asistir a Washington como su primera gira presidencial al extranjero y meses antes de las elecciones, parece ser un momento políticamente incorrecto. No hay más.
Para maquillar las intenciones electorales del asunto de la visita, se ha planteado al público en general que el tema a tratar en la visita será meramente comercial, buscando contar con la presencia del Primer Ministro de Canadá, Justin Trudeau, para celebrar la próxima entrada en vigor del T-MEC el 1 de julio. Por supuesto que hay temas entremezclados en el contexto de la visita. Los encabeza el tema electoral y en segundo lugar el comercial en relación a las afectaciones de las industrias compartidas de las tres naciones, como la automotriz, que ha sido golpeada fuertemente a causa del confinamiento y paro de labores por el tema de la pandemia de COVID-19. Si fuera exclusivamente el tema comercial, como así lo quieren dar a entender las autoridades, bastaba con hacer una reunión vía remota como así se han manejado últimamente las reuniones de altos mandos y de foros internacionales como el G20.
Anteriormente, personalidades políticas como Angela Merkel, desestimaron hacer una reunión presencial del G7 en los Estados Unidos, que además de razones por demás obvias concernientes a la pandemia, implicaría dejar por sentado una inclinación política en asuntos internos de EE.UU. Acción que por cierto, AMLO siempre ha tratado de evitar - a modo- en distintas ocasiones y que ha tomado como bandera de política exterior. La visita a Washington puede ser fácilmente comparada con la que realizó Trump en 2016, siendo candidato a la presidencia, a Los Pinos durante el sexenio de Enrique Peña Nieto. Mundialmente se leyó como una clarísima postura de apoyo a Trump y un error severamente criticado. En el caso reciente, queda más claro entonces que no es un momento políticamente correcto para hacerse presente, ya que deja claro el apoyo mudo pero fuertemente simbólico a la campaña electoral del presidente republicano.
México claramente está apostando por una agenda en la que el ganador es el republicano, desestimando por completo al candidato demócrata Joe Biden, porque hasta este momento no hay una reunión programada de AMLO con el candidato demócrata cuando las últimas encuestas electorales dan un alto porcentaje favorable a Biden (aproximadamente 50%). El propósito de la visita es sencillo, AMLO va directo a Washington para prometer que seguirá haciendo el trabajo sucio de Trump en cuanto a migración. Reafirmará que el México de AMLO es, efectivamente, el muro antimigratorio.
