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Se tenía que decir… Tú no te preocupes, Enrique. Por: Santiago Cárdenas. Destacado

12 Ago 2020
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Después de cerca de un mes de haber llegado a México extraditado de España, tiempo en el que ni de cerca vio un reclusorio, Emilio Lozoya ha empezado a desquitar su acuerdo y a hacer declaraciones que involucran a políticos de alto nivel en el pasado sexenio en actos de corrupción.

 

En todo este tiempo, el presidente Andrés Manuel López Obrador fungió como vocero de la Fiscalía General de la República, y se dedicó a informar que Lozoya ya había declarado, que había involucrado a varios políticos, que la Fiscalía no ha abierto una investigación en contra del expresidente Felipe Calderón, que Lozoya volvió a declarar, que está en México en calidad de testigo colaborador, que volvió a declarar, y otras varias cosas más que dejaron claro que la autonomía de la FGR es más cuento que el de Pinocho.

 

Pero también dejó claro que la utilidad de Lozoya es precisamente la que darán a sus palabras. El gobierno y la Fiscalía administrarán la información que pueda dar Lozoya para tratar de crear un ambiente favorable a López Obrador rumbo a la elección del año próximo.

 

A su vez, subir a la agenda pública las escandalosas y estridentes declaraciones de Lozoya permite al gobierno distraer la información relevante y hacer a un lado a los más de 53 mil muertos por el COVID-19 en el país y a los cerca de 18 mil mexicanos asesinados en el primer semestre de este año, un nivel de violencia inédito para los primeros seis meses de cualquier año en el país. Además, permite dejar de lado a los más de 1 millón 200 mil empleos formales perdidos por la pandemia del coronavirus, y los pronósticos que señalan que el PIB de México caerá cerca de 10% este año.

 

El fiscal Alejandro Gertz Manero dio a conocer que Emilio Lozoya presentó una denuncia de hechos en la que, entre otras cosas, señaló directamente al expresidente Enrique Peña Nieto y a Luis Videgaray, ex secretario de Hacienda, como quienes le ordenaron entregar más de 100 millones de pesos provenientes de sobornos de Odebrecht a asesores electorales extranjeros que trabajaron para la campaña presidencial priísta en 2012.

 

Lozoya también señaló directamente a Peña Nieto y Videgaray en la compra de votos para las reformas estructurales de 2013 y 2014. En ese caso específico, el señalamiento es de 120 millones de pesos que habrían sido entregados, por instrucciones del expresidente y el exsecretario de Hacienda, a un diputado y cinco senadores.

 

El Fiscal Gertz Manero informó que a partir de este momento se abrió la carpeta de investigación correspondiente, se harán las ratificaciones de la denuncia, se hará el análisis pericial de los testigos y en el caso de que sea procedente se llamará a declarar a las personas que Lozoya ha imputado.

 

Si las declaraciones de Lozoya no han sido comprobadas, ¿para qué darlas a conocer? La intención es, simple y llanamente, intimidar a quienes supuestamente se habrían visto envueltos en las acciones declaradas por Lozoya. Es la manera de avisarles que están siendo investigados y que se usará al aparato de justicia en su contra en caso necesario.

 

Peña Nieto y Videgaray son dos personajes que de ninguna manera serán sujetos a investigación. No, al menos en este gobierno. Tú no te preocupes, Enrique, diría López Obrador a Peña si platicaran sobre el tema.

 

Hay quienes afirman que las palabras de Lozoya hay que tomarlas con mucha cautela. En realidad, lo que hay que tomar con cautela es lo que difunden la Fiscalía y el gobierno de López Obrador sobre Lozoya. Todos sabemos para qué trajeron al exdirector de PEMEX a México y a cambio de qué tiene el privilegio de no estar tras las rejas.

 

El tema de las declaraciones de Lozoya es un buen distractor. Dará mucho de qué hablar. Le da oxígeno al presidente en momentos en que el aire está contaminado con temas que no le son favorables.

 

Lozoya cantará al son que le toquen. Él se sintió abandonado por un gobierno que lo colocó en las grandes ligas al inicio, pero que se deshizo de él cuando su presencia ya incomodaba. Por eso no lo preocupa señalar a sus exjefes. Su libertad bien lo vale.

 

Para el presidente, las palabras de Lozoya caen como anillo al dedo. Sólo el tiempo dirá si le serán suficientes para obtener lo que busca, o si los errores de su gobierno han causado ya un daño irreparable y son de tal tamaño que la derrota en 2021 sea ya inevitable.

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