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Se tenía que decir… Los muertos no votan. Por: Santiago Cárdenas. Destacado

13 Nov 2020
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En varias ocasiones el doctor Hugo López-Gatell ha sido cuestionado sobre la estrategia gubernamental para hacer frente a la pandemia del coronavirus en México. En todas ellas, el encargado gubernamental de dar la cara sobre las acciones que el gobierno de México lleva a cabo para atender la pandemia ha hecho gala de barroquismo verbal para decir mucho sin decir nada. Una versión moderna de cantinfleo.

 

Como consecuencia, los mexicanos desconocen cuál es la estrategia del gobierno para aminorar el impacto del COVID-19 en el país de hecho, desconocen si existe una estrategia.

 

Además, tienen grandes dudas sobre lo que se debe hacer para cuidarse. El ejemplo más claro de esto último es el uso del cubrebocas, que ha sido desacreditado por López-Gatell y hasta por el propio presidente, Andrés Manuel López Obrador, mientras que ha sido recomendado por decenas de autoridades en México y el extranjero. Si hacemos caso a lo dicho por López-Gatell, el cubrebocas carece de utilidad, y en contraparte el recién electo presidente de Estados Unidos, Joe Biden, asegura que si en su país -donde el actual presidente también ha descalificado el uso de la mascarilla- todos usaran cubrebocas se habrían evitado alrededor de 100 mil muertes.

 

La Universidad de Washington hizo pública una proyección de muertes en México por COVID-19 al 1 de marzo de 2021. De acuerdo con esa proyección, si en México se relajan las medidas de prevención al 1 de marzo del año próximo habrá 152 mil 452 fallecimientos registrados. De continuar con las medidas actuales, habrá 145 mil 423 fallecimientos, pero si se dispusiera como medida obligatoria el uso del cubrebocas, los fallecimientos serían 135 mil 292, una diferencia de 17 mil 160. De ese tamaño es la importancia del uso del cubrebocas, que tanto han despreciado López-Gatell y López Obrador.

 

Los resultados en México de la atención al coronavirus son de los peores en el mundo. A pesar de que la retórica gubernamental, llena de mentiras, va en el sentido de que el gobierno ha actuado de la mejor manera, y que la pandemia tiende a disminuir sus efectos en el país, lo cierto es que los números muestran lo contrario.

 

La justificación oficial es muy simple: “si hubiéramos actuado distinto, nos hubiera ido peor”.

 

Esto último es totalmente falso. Si en el país se hubieran antepuesto la ciencia y el conocimiento por encima de los intereses políticos de un gobierno insensible, México estaría mostrando mejores resultados.

 

En la comparecencia de López-Gatell ante la Comisión de Salud del Senado de la República, la senadora panista Lilly Téllez le reprochó su “trabajo de baratija, de cuarta, (que) ha costado más que dinero”. Su trabajo y su fe ciega al presidente, le dijo, “su barato modelo centinela, su arrogancia y vanidad, se han cobrado la vida de seres humanos”.

 

Además, lo llamó “pequeño virrey del país de las camas vacías y de los muertos en casa”, un nombramiento que le quedó exacto al subsecretario, y que describe a la perfección la no estrategia del gobierno para actuar frente al COVID-19.

 

El propio López-Gatell describió, en entrevista, que sin necesidad de pruebas, México apostó por mantener un sistema de distanciamiento social. Para evitar gastar, el gobierno de México decidió no hacer pruebas de diagnóstico y confinar a los enfermos de coronavirus en sus casas. De esa manera, nunca hubo saturación de hospitales por la enfermedad y tampoco hubo gasto por la pandemia. El sueño de López Obrador hecho realidad, con el sello de López-Gatell.

 

Los números no mienten. En México hay casi un millón de casos y poco menos de 97 mil muertos a causa del coronavirus. México es, además, el país en el que más personal de la salud ha muerto por COVID-19, de acuerdo con reportes de Amnistía Internacional. A nivel mundial han muerto al menos 7 mil trabajadores de la salud, y de ese total un 18.8% ha ocurrido en México. Según el reporte, al menos 1 mil 320 trabajadores de la salud han fallecido en México, la cifra más alta conocida para un solo país.

 

La estrategia gubernamental no tiene como objetivo salvar vidas. La estrategia tiene como objetivo cuidar la imagen de un presidente al que no le importa cuántos muertos deje el COVID-19 en México. El objetivo es la imagen y poco gasto en el coronavirus. El dinero es para los programas sociales, no para atender la pandemia, porque los muertos no votan.

 

 

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