La noche del 31 de enero de 2010, estudiantes del CBTIS 128, del Colegio de Bachilleres plantel 9 y de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez festejaban una fiesta de cumpleaños en un domicilio del fraccionamiento Villas de Salvárcar, en Ciudad Juárez, Chihuahua, cuando fueron agredidos por al menos 20 sicarios del cártel de Juárez. El resultado fue de 15 personas muertas y más de 10 lesionadas.
La reacción del gobierno del entonces presidente Felipe Calderón fue apresurada. El mandatario declaró pocas horas después de ocurrida la matanza, durante una gira por Japón, que a los estudiantes “si los mataron es porque en algo andaban”.
Días después, Calderón tuvo que tragarse sus palabras al acudir a Ciudad Juárez a encabezar un evento denominado “Todos somos Juárez”, motivado por la presión social desatada por el hecho. La señora Luz María Dávila le espetó: “Discúlpeme, señor presidente. Yo no le puedo decir bienvenido, porque para mí no lo es, nadie lo es. Porque aquí hay asesinatos hace dos años y nadie ha querido hacer justicia. Juárez está de luto. Les dijeron pandilleros a mis hijos. Es mentira. Uno estaba en la prepa y el otro en la universidad, y no tenían tiempo para andar en la calle. Ellos estudiaban y trabajaban, y lo que quiero es justicia. Le apuesto que si hubiera sido uno de sus hijos, usted se habría metido hasta debajo de las piedras y hubiera buscado al asesino, pero como no tengo los recursos, no lo puedo buscar”.
Las investigaciones de lo ocurrido indican que los sicarios del cártel de Juárez supusieron que en la fiesta se encontraban miembros del cártel de Sinaloa y decidieron acabar con ellos. Lo cierto es que la fiesta nada tenía que ver con el crimen organizado.
El fin de semana pasado se cumplieron 11 años de la matanza de Villas de Salvárcar.
Con el paso de los años, las matanzas han continuado en el país, y hoy, a pesar de que el presidente Andrés Manuel López Obrador afirme que se han acabado, este tipo de hechos continúan registrándose en México.
En los primeros nueves meses de 2020 se registraron 45 masacres en el país, en las que fallecieron 320 personas. De hecho, 2020 es el año con más homicidios dolosos desde que se contabilizan, con cerca de 40 mil asesinatos en el país.
Un exgobernador, seis periodistas, tres alcaldes en funciones, casi medio millar de policías, más de mil menores de edad y cerca de 3 mil 500 mujeres fueron asesinados en 2020.
Recientemente, autoridades del estado de Tamaulipas informaron el hallazgo de 19 cadáveres en Camargo, Tamaulipas, en una zona deshabitada cercana a la frontera con Estados Unidos. Las investigaciones señalan que las víctimas fueron asesinadas a tiros y posteriormente sus cuerpos fueron calcinados. Al parecer, las víctimas son en su mayoría migrantes guatemaltecos que buscaban llegar a Estados Unidos. El hecho hizo recordar la matanza de San Fernando, Tamaulipas, ocurrida también en 2010, en la que 72 personas (58 hombres y 14 mujeres), la mayoría de ellas migrantes de Centro y Sudamérica, fueron asesinadas.
La secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, titular en funciones de las llamadas conferencias mañaneras, aseguró que lo ocurrido recientemente en Camargo “no es un San Fernando, porque estamos avanzando en la investigación de manera contundente. No habrá impunidad”.
En México sí hay masacres, a pesar de que la narrativa oficial -que busca convencer a la sociedad de que a la llegada de López Obrador a la Presidencia las cosas han cambiado en el país- diga algo diferente.
Para esa narrativa, los grupos delincuenciales que operan en el país han dejado de ser violentos y han decidido arreglar sus disputas mediante el diálogo. Han atendido el discurso de “nada por la fuerza, todo por la razón, el convencimiento y el derecho” que pregona el mandatario y hoy mantienen la política de “abrazos, no balazos” dictada desde Palacio Nacional.
Es un país donde ya no hay masacres ni violencia, donde todo cambió con la sola llegada de López Obrador al poder.
