La Covid-19 no da tregua. Durante el primer mes de este año, los países de América Latina registraron su mayor incremento de contagios mientras que en Europa, EEUU y Canadá las infecciones descendieron. Sin embargo, un 87% de las vacunas, es decir 71.78 millones de las dosis de las 82.5 millones aplicadas en el mundo, no se encuentran concentradas en la región latinoamericana, sino en 10 de los países más ricos del mundo como EEUU, China, Gran Bretaña, Israel, entre otros.
Lo que se puede leer de lo anterior es que a pesar de que el mundo entero está atravesando una de las peores crisis sanitarias, el interés individual nacionalista pesa más que la cooperación. Es sabido que el mundo es un lugar desigual, así lo ha sido históricamente, y el sistema capitalista ha sido en gran parte causante de esto. Se hace más evidente en ocasiones como esta en la que en lugar de buscar cooperar entre naciones para salir juntos de la problemática que atañe al mundo entero, parece ser que es más importante inmunizar hasta 5 veces a la población entera de Canadá o dos veces a la estadounidense con los 1,200 millones de dosis que este último ha adquirido, de acuerdo con los datos publicados por la agencia Bloomberg, antes que al personal médico o personas de riesgo en los países latinoamericanos. El mismo director general de la agencia se ha pronunciado al respecto apelando a un sentido ético por encima del individual-nacional. La Organización Mundial de la Salud advirtió también el riesgo que conlleva acaparar las vacunas y al mismo tiempo exigir que sea una inmunización igualitaria.
Los datos hablan por sí solos, pues parece ser que los llamados de las Naciones Unidas o de la OMS para ayudar a las naciones con menores ingresos quedan en meras opiniones, ya que ninguna de las naciones ricas ha decidido aportar para sanar parejo al mundo. Las fallas de la gobernanza internacional son evidentes y lastimosas, ya que no se logra generar cooperación, o como mínimo, empatía por las poblaciones de estos países desfavorecidos.
La Covid-19 seguirá afectando al mundo pero en mayor medida a los más desfavorecidos. No sólo es América Latina, también lo es África, donde casi el 56% de la población africana vive en condiciones insalubres y sus realidades estructurales dificultan la pronta solución al problema de la pandemia y siguen siendo rezagados por el mismo sistema internacional. Estamos viviendo los impactos socioeconómicos y las graves consecuencias para la salud de las poblaciones.
Estamos presenciando una de las crisis actuales más duras para la humanidad, y si esto no es razón suficiente para cooperar y fortalecer a las instituciones internacionales, o que cada una de las fallas en los Estado que han quedado evidenciadas sean enmendadas, entonces se avista un panorama profundamente individualista sin mayores esperanzas de sobreponernos a las demás crisis que se enfrentan paralelamente, como la medio ambiental.
