Contra la pandemia del coronavirus, nuevamente la incongruencia en las acciones del gobierno federal. A la población en general se le mandan mensajes contradictorios y confusos, que terminan siendo inútiles en el combate a la COVID-19.
Por un lado, el gobierno federal festina que ya son varias semanas con disminuciones en el número de contagios y de hospitalizaciones vinculadas al coronavirus. La idea que el gobierno federal busca posicionar es que esta disminución está directamente ligada al avance en la vacunación en el país, lo que es totalmente falso. Por si alguien duda de lo anterior, habría que añadir que esa es una de las razones por las que varios candidatos de Morena están haciendo campaña política con la vacunación, y la ligan directamente como una concesión del presidente Andrés Manuel López Obrador.
En el caso concreto de la Ciudad de México, la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, asegura que la ocupación hospitalaria por COVID-19 en la capital del país se ubica en el nivel más bajo en lo que va de la pandemia. De acuerdo con el reporte de la administración local sobre el impacto del COVID-19 en la Ciudad de México, poco más de 2 mil pacientes se encuentran internados en hospitales de la capital en estos momentos, y de ellos, poco más de 700 se encuentran en terapia intensiva. Esos datos hacen que Sheinbaum asegure que “va bien la Ciudad. Estamos en puntos de hospitalización menores a los que tuvimos en octubre, que fue la hospitalización más baja desde el inicio de la pandemia”.
Sin embargo, la Ciudad de México se mantiene en color naranja en el semáforo sanitario, pero las actividades económicas se han reanudado prácticamente en su totalidad. El semáforo sanitario ya no corresponde con las actividades permitidas ni es factor que determine cuáles de ellas pueden abrirse al público.
En tanto, el doctor Hugo López-Gatell asegura que el gobierno federal ha tomado la decisión de no seguir avanzando en la vacunación a docentes en el país y posponer la intención de abrir el sistema educativo “por una reflexión técnica importante: la posibilidad de tener una tercera ola epidémica”. Lo que significa esta declaración de López-Gatell es que en México no hay el suficiente número de vacunas disponibles para continuar el ritmo de vacunación, y que de haber una tercera ola de contagios en el país tendría que modificarse la llamada estrategia de vacunación.
Los mensajes que el gobierno federal manda a la población son confusos y contradictorios, y también son parte importante de los pésimos resultados en el combate a la pandemia.
En el estudio “La respuesta de México al COVID-19”, elaborado por Jaime Sepúlveda, director del Instituto para las Ciencias de Salud Global de la Universidad de California en San Francisco, y Mariano Sánchez, investigador de El Colegio de México, se detalla que México es el cuarto país en el mundo con peor desempeño para afrontar la pandemia por COVID-19, después de Estados Unidos, Brasil y Colombia. Entre las muchas deficiencias que las autoridades de salud de México han tenido en el combate al coronavirus está la carencia de incorporación de evidencia científica y la incapacidad para reconocer errores y corregir las políticas.
“Las autoridades mexicanas minimizaron el uso de pruebas diagnósticas, y ridiculizaron y minimizaron el uso de cubrebocas, lo cual tuvo efectos devastadores”, asegura el estudio. Además, “no hay lógica epidemiológica en el plan de vacunación, que parece responder más a la política electoral que al bienestar de la población”.
La prioridad del gobierno federal en el combate a la pandemia fue política, y no científica ni sanitaria. Nunca se buscó evitar muertes ni disminuir los contagios. Lo que se buscó es no tener escenas dramáticas o el colapso de los hospitales públicos.
El resultado: casi 215 mil muertes reconocidas oficialmente, de los más de 2 millones 328 mil casos reportados, una tasa de letalidad de 9.23%, de las más altas en el mundo.
El gobierno federal ha puesto énfasis en el uso político del combate al coronavirus. Craso error, pues 2021 es un año electoral, en el que las familias que han perdido a uno o más de sus miembros no van a olvidarlo al momento de votar.
