A diez años de la muerte de Osama Bin Laden, líder del grupo terrorista Al-Qaeda que tomó relevancia en la parte occidental del mundo cuando se cometieron los atentados del 11 de Septiembre en Nueva York, es un momento al que vale la pena prestar atención y que bien se puede unir al análisis de lo que sucede actualmente en Afganistán con la retirada de las tropas militares de los Estados Unidos de América.
Sobre el escenario afgano, de nueva cuenta, es necesario entender lo que sucede en la política interna de EEUU, que incide en la emblemática política intervencionista que es por excelencia, un pilar de la Política Exterior de EEUU. Asimismo, entender la dinámica de balance de poder internacional que involucra desde luego a los norteamericanos, a China y a Rusia para este caso en particular y, finalmente, dilucidar sobre la situación de los grupos terroristas en su constante lucha por adquirir relevancia, territorio y poder en el país.
Desde el mandato de Barack Obama en EEUU, ya se había asumido que la nueva era para el intervencionismo estadounidense al que tenía acostumbrado al mundo, tenía que cambiar. La guerra librada en décadas pasadas en Afganistán, ha sido la más costosa y duradera para los estadounidenses. Provocó un gran endeudamiento del país, una situación que, China, su principal acreedor, ha aprovechado estratégicamente pero en detrimento de Estados Unidos y peor aún, cuando la rivalidad entre ambos aún se mantiene viva. Además, la opinión pública considera que mantener guerras por tanto tiempo, es contraproducente para ellos mismos. Todos estos factores juntos, han encaminado a Estados Unidos a que opte por la paulatina retirada de sus tropas que concluirá el 11 de septiembre del año en curso, haciendo coincidir las fechas al cumplirse 20 años del atentado terrorista perpetrado supuestamente por Al Qaeda en la Gran Manzana.
Retirar las tropas estadounidenses de Afganistán tendrá un gran impacto. Desde que el país intervino con la justificación de derrocar a Osama Bin Laden y a su grupo terrorista Al Qaeda, el gobierno que en ese entonces estaba comandado por George Bush derrocó al gobierno afgano provocando que los patrocinadores del grupo terrorista de Bin Laden, los Talibanes, ganaran terreno (a la mala) controlando una gran parte del país e implementaran políticas de terror. En pocas palabras, su intervención trajo consigo una profunda inestabilidad en Afganistán, dejándolo en la deplorable situación de violencia actual. Irónicamente, después de cometer sus actos ilegítimos e irresponsables, su estadía de 20 años, significó un detente para apaciguar la violencia ejercida por los grupos terroristas que ganaron terreno dentro del país como ISIS y Al Qaeda. Por ello, el abandono de las tropas estadounidenses, podría permitir que la violencia latente explote y que se agudice. El gobierno afgano podría enfrentarse bélicamente a los Talibanes, quienes tratarán de ganar más poder y terreno.
El asesinato de Bin Laden, tuvo efectos adversos a los que se habían ideado en un principio. Al cortar la cabeza de la matriz, los grupos afiliados a Al Qaeda lograron fortalecerse, tal como fue el caso de ISIS que ahora, además de tener presencia en Irak y Siria, la tiene también en Afganistán y lucha contra los Talibanes para ganar poder de influencia y territorio. Previamente, ha sido despojado de gran parte de los territorios que alguna vez logró tener, específicamente en Siria y ante la situación de inestabilidad y abandono de las tropas norteamericanas, visibiliza una oportunidad para hacerse de control y nuevos bastiones.
Las preguntas que quedan por hacerse son: ¿Estados Unidos debe responsabilizarse de la deplorable situación en la que deja al país después de su intervención?, ¿EEUU está al tanto de las consecuencias de acabar con la vida de Osama Bin Laden? Indudablemente, se avecina una tarea titánica para el gobierno afgano para reconstruir lo que otros terminaron por deshacer y enfrentar a los grupos terroristas que le darán batalla.
