La reforma eléctrica del presidente Andrés Manuel López Obrador busca, dicen, fortalecer a la Comisión Federal de Electricidad y regresar al Estado la capacidad de controlar la generación y comercialización de la energía eléctrica en el país. Este argumento, por sí solo, es insuficiente para sumar a una mayoría en su apoyo.
Por supuesto, la reforma contará con el apoyo de todos los legisladores de Morena en la Cámara Baja y de los partidos aliados al lopezobradorismo, y con el rechazo de los diputados del PAN, del PRD y de Movimiento Ciudadano. El PRI es el único partido que no ha definido, al menos en la Cámara de Diputados, cuál será el sentido de su voto.
El líder priista, Alejandro Moreno, ha anunciado que se realizarán foros de consulta para analizar a fondo la reforma propuesta por el presidente López Obrador. Los ojos de toda la clase política del país están puestos en lo que ahí se debatirá y en lo que de ello resultará.
De los diputados del PRI depende que se reúnan los votos necesarios para alcanzar la mayoría calificada que se requiere para modificar la Constitución con esta reforma. A la alianza oficialista le faltan 53 votos para poder aprobar la reforma, y esos votos podrían venir del priismo, y de ningún otro lado.
El PRI tiene como opciones plegarse a un gobierno federal que se ha distinguido por la presión y la amenaza hacia opositores, o mantenerse firme en la alianza que se conformó junto con el PAN y el PRD.
Tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado de la República, legisladores priistas han empezado a expresarse, principalmente en contra de la aprobación de la reforma. Sin embargo, Alejandro Moreno ha salido a aclarar que estas expresiones no representan la posición oficial del partido. Es decir, el dirigente priista pretende llevar hasta el final el suspenso sobre el sentido del voto del priismo.
El presidente López Obrador ha buscado arrinconar mediáticamente a los priistas, dejando ver que votar contra su propuesta de reforma eléctrica implica estar en contra de los usuarios, de los consumidores, del pueblo, y estar a favor de las empresas y de los grandes intereses que, según él, hoy controlan al sector eléctrico.
El dilema para el PRI no radica en continuar con el salinismo o regresar al cardenismo, como planteó López Obrador, sino en si cederán a las amenazas veladas desde Palacio Nacional, o si se mantendrán firmes en la alianza opositora junto con el PAN y el PRD. El futuro del priismo está a prueba, y depende del sentido del voto que como partido otorguen a favor o en contra de la reforma eléctrica de López Obrador.
A Alejandro Moreno se le ha mencionado como cercano a López Obrador. Amlito, le han llamado, por tener posturas más cercanas que lejanas al lopezobradorismo.
El dirigente priista parece tener control sobre la mayoría de los diputados y senadores del PRI. Por ello, prácticamente será decisión suya si el priismo apoya con su voto en la Cámara de Diputados y en el Senado la reforma eléctrica de López Obrador. Alejandro Moreno tiene en sus manos la definición política más importante en lo que va del sexenio de López Obrador. Él lo sabe y seguramente capitalizará su privilegiada posición.
Lo paradójico del tema es que la reforma eléctrica de López Obrador, la más importante de su gobierno, no depende del voto de Morena, como fue siempre durante la primera mitad de la administración, sino de la decisión del dirigente priista.
