Emilio Lozoya, el testigo protegido de la cuarta transformación y emblema del combate a la corrupción del actual gobierno, decidió salir a cenar unos tacos de pekin duck en el restaurante Hunan de Las Lomas de Chapultepec la noche del sábado pasado, y con ello poner en ridículo al “fiscal autónomo”, Alejandro Gertz Manero, y de paso al presidente Andrés Manuel López Obrador.
Lozoya exhibió la confianza que le brinda el alto grado de impunidad del que goza. Su juicio ha consistido en un circo, en el que él hace acusaciones en contra de políticos de alto nivel de la administración anterior a cambio de no pisar la cárcel. Testigo colaborador, le llaman.
La versión que Lozoya ha sostenido desde su aprehensión básicamente se resume en que él recibió, desde 2012, millones de dólares por parte de la empresa brasileña Odebrecht que fueron destinados a apoyar la campaña presidencial de Enrique Peña Nieto, y posteriormente a sobornar a legisladores para aprobar la reforma energética impulsada por el anterior presidente. A pesar de que el exdirector de PEMEX ha señalado a distintas personas, entre ellas al expresidente Peña Nieto y al excanciller y exsecretario de Hacienda, Luis Videgaray, solamente el exsenador panista Jorge Luis Lavalle Maury ha sido vinculado a proceso y permanece en prisión preventiva justificada como medida cautelar en lo que dura su proceso.
Lo que en realidad se ha observado es que al presidente López Obrador lo que realmente le interesa es el juicio público a Lozoya y a todos los políticos que él ha mencionado en una red de corrupción financiada por Odebrecht. Por ello, que Lozoya haya salido a exhibir su libertad de movimiento para acudir a uno de los restaurantes más caros de la capital del país, ridiculiza a la Fiscalía General de la República y al gobierno de López Obrador en su conjunto.
Tan así se entiende, que en cuanto empezaron a circular las fotografías de Lozoya en el Hunan, tomadas por la periodista Lourdes Mendoza, miembros, exmiembros y aplaudidores del gobierno salieron a redes sociales a tratar de desmentir y descalificar la veracidad de las imágenes. Simplemente, no daban crédito y no acertaban a hilar un discurso coherente para justificar la salida de Lozoya.
El presidente López Obrador fijó su posición en la conferencia de prensa mañanera, y “sugirió” que la Fiscalía “autónoma” debería informar cómo va el proceso judicial que se le sigue a Lozoya. Por supuesto, atendiendo la “sugerencia” presidencial, la Fiscalía “autónoma” que encabeza Gertz Manero salió pocas horas después a informar que el proceso contra Lozoya sigue en curso y que el plazo que tiene para presentar las pruebas de lo que ha dicho vence el próximo 3 de noviembre.
Lozoya se sabe intocable e impune. No cometió un delito al salir a cenar, pero sí exhibió la impunidad con la que cuenta.
Las imágenes de Lozoya en el restaurante provocaron indignación social. El que no esté preso es un punto de debate que divide las opiniones. Lozoya es un delincuente confeso que se acogió al llamado criterio de oportunidad para librar el encierro. Hasta ahora, ha gozado de grandes privilegios que no ha tenido ningún otro delincuente confeso en la historia del país. Para el gobierno de López Obrador, el escarnio social parece ser suficiente culpa para pagar por parte del exdirector de PEMEX.
Será interesante ver qué giro dará el caso de Lozoya, y observar si será marcado por la impunidad, o si el pekin duck le resulta caro al exdirector de PEMEX.
