La manera en la que el presidente Andrés Manuel López Obrador ha hecho designaciones de embajadores y cónsules en el mundo ha sido, por decirlo de una manera suave, sui generis. Los nombramientos que no han recaído en personal diplomático de carrera han sido para personajes cercanos a él o a su esposa, y algunos pocos cayeron dentro del margen de propuestas del secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard.
A últimas fechas, pasadas las elecciones intermedias del año anterior, López Obrador también ofreció cargos diplomáticos a exgobernadores, principalmente de la oposición, lo que hizo levantar las cejas a los dirigentes de los principales partidos opositores. Los más recientes nombramientos a personajes de la oposición son los de Claudia Pavlovich, exgobernadora de Sonora, como cónsul en Barcelona, y el de Carlos Miguel Aysa, exgobernador de Campeche, como embajador en la República Dominicana.
La diplomacia mexicana en este sexenio se ha distinguido por diferentes escándalos.
Ricardo Valero abandonó su cargo de embajador de México en Argentina a finales de 2019, luego de ser acusado de robarse un libro en El Ateneo Gran Splendid, una de las librerías más emblemáticas de Buenos Aires, y unas camisetas en el aeropuerto de Ezeiza, en la capital argentina, previo a abordar un avión hacia México.
Por su parte, la cónsul en Estambul, Turquía, Isabel Arvide, no tuvo empacho en ventanear a su jefe, Marcelo Ebrard, con la confesión de que durante el sexenio de Carlos Salinas de Gortari ambos compartieron un momento íntimo con todo y botella de champaña de por medio. Además, Arvide aseguró que las confesiones sobre su encuentro íntimo con Ebrard deberían ser vistas como un favor hacia el canciller debido a “los rumores” de su sexualidad.
En términos generales, para el presidente López Obrador la política exterior sirve para promover tonterías como el Plan Mundial de Fraternidad y Bienestar y para “tener buenas relaciones con todos”, incluidos gobiernos dictatoriales como los de Cuba, Venezuela y Nicaragua. En la más reciente reunión de embajadores y cónsules, Marcelo Ebrard aseguró que hoy la política exterior goza de peso y consideración “en todos los ámbitos, desde el Consejo de Seguridad hasta todos los espacios multilaterales, porque tiene autoridad moral y prestigio político”.
Lo cierto es que en los hechos el presidente López Obrador considera que “la mejor política exterior es la interior” y su desprecio por la diplomacia y por las relaciones internacionales no es nuevo.
El 13 de enero, el rey Felipe VI de España recibió en el Palacio Real de Madrid las cartas credenciales de seis nuevos embajadores. Entre ellos no estuvo Quirino Ordaz, el priista exgobernador de Sinaloa que fue propuesto por el presidente López Obrador hace cinco meses. El gobierno español no ha otorgado su beneplácito al nombramiento de Quirino Ordaz, lo que marca un inédito desdén en las relaciones diplomáticas entre México y España.
El gobierno español parece negarse a otorgar su beneplácito al sinaloense en respuesta a las críticas que López Obrador ha expresado hacia las autoridades ibéricas, como cuando pidió al rey ofrecer una disculpa pública por la Conquista en nombre de la Corona.
La titularidad de la Embajada de México en España está acéfala desde septiembre de 2021, cuando dejó el cargo María Carmen Oñate Muñoz, y todo parece indicar que así seguirá por un buen tiempo. “Tener buenas relaciones con todos” parece aplicar para Nicaragua, Venezuela o Cuba, pero no para España.
