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Orbi 21. Los derechos humanos como mera celebración. Por: Cristina Cardeño Gama Destacado

29 Jun 2021
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La Organización de las Naciones Unidas estableció en 1997 que cada 26 de junio se conmemore el Día Internacional en Apoyo de las Víctimas de la Tortura. Aunque el derecho internacional prohíbe en su totalidad el uso de la tortura, el objetivo de la implementación de este día es para erradicar por completo este crimen de lesa humanidad y aplicar efectivamente la Convención contra la Tortura y otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes. 

 

Parece adecuado tomar este día para denunciar lo que sigue sucediendo en lugares como Siria que, a diez años de estar sumergido en la guerra, su población ha vivido el infierno en la Tierra. Miles de sirios han muerto siendo torturados en las prisiones del régimen de Bashar Al Assad y hay quienes siguen detenidos bajo las mismas condiciones inhumanas. La tortura sistemática implementada por el gobierno del presidente sirio continúa en práctica y poco se ha hecho al respecto por parte de la comunidad internacional. El tema de la guerra en Siria ha cansado a la prensa internacional, es cierto, pero ignorarla no se traduce a que esté terminada y que no existan aún personas enfrentándose con los distintos grupos beligerantes y en contra del mismo régimen de Al Assad.

 

Así como hace poco más de un mes el mundo entero puso el grito en el cielo por lo que estaba sucediendo en Palestina con los enfrentamientos bélicos entre la organización islamista de Hamás y las Fuerzas Armadas de Israel, la comunidad internacional debería poner atención en las denuncias por crímenes de lesa humanidad cometidos por Bashar Al Assad. El seguimiento a lo que pasó en Israel pareció más una tendencia, que sin duda se agradece, pues mientras más énfasis se haga en denunciar las atrocidades cometidas por el Estado israelí contra la población palestina, se darán esos pequeños pero sólidos pasos para comenzar a frenar el sistema de apartheid y violación de Derechos Humanos. Al parecer, la comunidad internacional es selectiva sobre los casos en lo que sí sería conveniente alzar la voz. Incluso, hay quienes condenan las masacres cometidas por Bashar Al Assad pero permanecen en silencio sobre los crímenes de guerra, la ocupación, la expansión colonial, apartheid, todo cometido por Israel.

 

Una comunidad globalizada no sólo se trata de que se pueda encontrar una Coca-Cola en cada rincón que visitamos, o que idealmente todas y todos tengamos la posibilidad de tener un producto de Apple. Retomando algunas de las palabras del especialista y escritor en temas del Medio Oriente, Ziad Majed, se trata también de ser consistentes y coherentes en nuestras posiciones políticas y éticas, y de considerar a los Derechos Humanos, el fin de la opresión y la impunidad como los principios que deben guiar todas nuestras posturas. Por lo tanto, a la comunidad internacional, a las organizaciones de derechos humanos, a quienes estemos a favor de la procuración de los derechos humanos y a quienes gozamos del privilegio de no ver amenazadas nuestras vidas por sistemas de opresión y de crímenes de lesa humanidad, nos corresponde ser la voz de aquellos quienes la han perdido. Nos corresponde tomar una postura firme en contra de la práctica sistemática de la tortura.  

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